Subí al metro y no había absolutamente nadie en el vagón. Me encantó la sensación. Cada asiento parecía susurrarme: "Ven a mí, a mí", desesperado por ser el elegido.
Me deseaban. Era única, La Única. Pero todo mi gozo en un pozo...
En la siguiente estación una cincuentena de colegiales y 7 monjas invadieron el vagón. ¡Que iban de visita al Prado, me suelta la monja!
"¿Sabe que le digo, madre? ¡Que me cago yo en la escolarización obligatoria!

3 comentarios:
Me pone la monja...Aunque tiene pinta de ser aspéra.
El micocruento ya sabes que me ha gustado mucho. Je, je, je.
Las monjas son todas unas bolleruzas... T lo digo yo q estudiaba en un colegio d monjas y las estadísticas nunca mienten. Aun así, esta tiene pinta d ser del siglo XVI por lo mnos así q estaría más reprimidilla no? Un beso!
Por cierto, ¿la monja bollo no está sentada en el Parque Berlín? Esto es un hecho completamente paranormal...
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